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La obra de la pintora figurativa española Isabel Baquedano (Mendavia, Navarra, 1929 - Madrid, 2018) se centra en temas urbanos en los que en algún caso integra figuras humanas en un ambiente de soledad. Con una visión lírica y misteriosa, el tema de las ciudades abarca casi toda su obra, habitadas por figuras en las que la luz y los precisos encuadres manifiestan la soledad del ser humano, con una puesta en escena entra la realidad y la fantasía.
Formada en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid en un momento donde la abstracción dominaba el panorama artístico, se adentró por los caminos de la figuración y el realismo. En ocasiones, practicando un realismo intimista, otras de contenido social y en otras atentos al arte pop de los años 60.
Muy considerada por Antonio López, también pintor de su generación, repetidamente ha alabado su obra. "Tenía un talento para la pintura como el que más, pero también es muy singular, sólo hay una Isabel Baquedano en el mundo".
Su obra se inspira en los grandes maestros de la pintura. Como dice Antonio López, "otra cosa que me gusta es que bebe mucho del arte antiguo, pero no se nota". Se enfoca en la representación veraz del modelo, como los pequeños bodegones tomados del natural, con gran viveza de color y realizados en dos o tres sesiones, como si las escenas y los frutos hubieran sido fijados en el instante previo a su declive. Los dibujos manifiestan igualmente un buen dominio de la representación. Baquedano utiliza el grafito para conocer de antemano la forma de las figuras, que luego sintetizará en el lienzo con precisión, para que el color asuma el resto de la tarea.
La Galería Guillermo de Osma de Madrid presenta, en colaboración con la bilbaína Carreras Múgica, una exposición dedicada a la obra de Isabel Baquedano con más de cuarenta piezas, entre cuadros y dibujos, que se inaugura el 17 de mayo y se podrá visitar hasta el 23 de junio de 2023.
La muestra se divide en varios grupos temáticos, empezando por obras cercanas al pop, camareros y malabaristas, bodegones y cuadros religiosos. Estos últimos mantienen los caracteres formales de los malabaristas y toman una vía claramente simbolista. Cada uno de ellos trata un asunto específico dirigido a presentar el mensaje cristiano como si se tratara de un acontecimiento presente.


