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Roserona lanza el disco 'Caro diario', un volcado confesional de sensaciones, reflexiones y emociones que giran en torno al amor
Roserona lanza el disco 'Caro diario', un volcado confesional de sensaciones, reflexiones y emociones que giran en torno al amor
La vocación confesional del nuevo disco de roserona, Caro diario, queda claro desde el propio título. El nombre del álbum hace referencia a la película del director de cine Nanni Moretti, pero a su vez delata el estilo de escritura que impera en el disco: un volcado de sensaciones, reflexiones y emociones que giran en torno al gran misterio de la vida y del universo, el amor. Por eso, aunque en muchos pasajes el disco se presenta como una suerte de diálogo de su autora consigo misma, la artista catalana acaba confeccionando un discurso con el que muchos pueden sentirse identificados.
Haciendo gala de un estilo pulcro y preciosista, utilizando pocos pero acertados elementos, roserona logra definir y sintetizar su propia voz como cantautora poniendo ésta siempre en primer plano. Una voz artística que se puede emparentar con la suavidad melódica de Françoise Hardy, con el emocionante minimalismo de Alice Phoebe Lou, con la atmósfera sedante de The Marias o con las versiones más desnudas de Lana del Rey o Cat Power; pero también con la tradición musical de iconos como Carla Bruni o Linda Perhacs.

En su vertiente lírica, Caro diario resulta una emocionante colección de relatos musicales que recuerda la vulnerabilidad ante el amor, pero también lo mucho que éste puede enriquecer y ensanchar la vida. Y es precisamente esa dualidad la que vertebra el corpus central del disco. Se manifiesta especialmente en 'El cos vull estimar', una canción llena de cadencia y sentimiento que refleja, por un lado, la sensación de pertenencia y a la vez no pertenencia del propio cuerpo durante una relación íntima; y, por otro, la distancia que a veces hay entre esa relación física y el brote de emociones que van más allá.
También subyace en 'Marlborowinston', una elegante pieza con acento jazzy e inspiración visual a lo Éric Rohmer, donde una mujer no puede sino admirar de su cita masculina su indiferencia mientras no hace otra cosa que fumar. Porque convertir lo tóxico en atractivo es algo desgraciadamente muy propio de quien disfruta y padece el amor.
'Caro diario' y 'Potser som' manifiestan también de alguna forma la ambigüedad y las dudas que muchas veces envuelven la experiencia amorosa. La primera, una pieza acústica cantada en inglés y catalán, permite a roserona reflexionar, entender y superar un momento confuso en su vida, subrayando la dificultad de empezar el luto que permite pasar página cuando se sufre ghosting, o sea, cuando desaparece toda comunicación y contacto con una pareja. La segunda, en colaboración con Socunbohemio, explora entre guitarras cristalinas la magia, la intimidad y la ilusión, pero también el miedo que sentimos cuando empezamos a conocer a alguien especial.
No obstante todo lo expuesto, resulta que la moraleja del discurso la encontramos en las dos canciones que abren y cierran este trabajo. Porque si en 'Tot va perfecte', la intro, roserona confiesa entre lágrimas que no es capaz de disfrutar cuando sabe que las cosas le van bien, en el outro, 'Jardins amagats', reproduce una especie de mantra de bienestar que se basa en el descubrimiento de un equilibrio que permita enfrentar con más fuerza a las vicisitudes de la vida y del amor. Es el canto a la curación de uno mismo. Porque, para bien y para mal, los seres humanos están condenados a amar; y más vale estar preparados también para dejar de amar y que dejen de amarnos.