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Directrices para reabrir escuelas con seguridad

05 mayo 2020

Directrices para reabrir escuelas con seguridad

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  • Palabras
    Andrés Guzmán

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    Pixabay

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El interés superior de los niños y las consideraciones generales en materia de salud pública, han de ser la prioridad de las autoridades nacionales y locales a la hora de tomar la decisión de reabrir las escuelas.

El cierre generalizado de los centros educativos como respuesta a la pandemia de la Covid-19 plantea un riesgo sin precedentes para la educación y el bienestar de los niños, especialmente de los niños más marginados que dependen de la escuela para su educación, su salud, su seguridad y su nutrición.

Debido a esto, la Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Banco Mundial han publicado una serie de directrices para reabrir las escuelas en condiciones de seguridad tras los cierres que afectan a cerca de 1.300 millones de estudiantes de todo el mundo.

Dichas directrices ofrecen a las autoridades nacionales y locales una serie de consejos prácticos para que los niños regresen a la escuela en condiciones de seguridad. "En los países más pobres, la comida que reciben los niños en la escuela suele ser la única comida que reciben al día. Sin embargo, muchas escuelas permanecen cerradas a causa de la Covid-19 y, como resultado, 370 millones de niños no están recibiendo esas comidas nutritivas que son un sustento para las familias pobres", explica David Beasley, director ejecutivo del PMA.

A esto hay que agregar que, debido al cierre de los centros educativos, los estudiantes tampoco tienen acceso a la atención sanitaria que normalmente pueden obtener a través de la escuela. "Esto podría provocar daños duraderos; por eso, cuando las escuelas reabran, será fundamental restablecer los programas de comidas y los servicios de salud, que también pueden animar a los niños más vulnerables a regresar a la escuela", afirma Beasley.

Por su parte, la directora general de la UNESCO, Audrey Azoulay, señala que "ante la gran cantidad de estudiantes que se están quedando rezagados en su educación debido al cierre prolongado de las escuelas, la decisión de cuándo y cómo volver a abrirlas, si bien no es nada sencillo, debería ser prioritaria. Cuando el sector de la salud dé luz verde, será necesario poner en marcha todo un conjunto de medidas para garantizar que ningún niño quede atrás".


Las directrices

El pliego de recomendaciones incluye la elaboración de políticas claras para la apertura y el cierre de las escuelas durante emergencias de la salud pública y el fomento de reformas necesarias para ampliar el acceso equitativo de los niños marginados y de los que no van a la escuela, así como el fortalecimiento y la normalización de las prácticas de aprendizaje remoto.

Además, las directrices son claras en señalar que hay que invertir en el fortalecimiento de los sistemas educativos para la recuperación y la resiliencia, y en abordar los efectos de la Covid-19 sobre la educación.

Garantizar condiciones que reduzcan la transmisión de la enfermedad, salvaguardar servicios y suministros esenciales y promover hábitos saludables. Esto incluye el acceso a jabón y agua limpia para lavarse las manos en condiciones de seguridad, procedimientos de actuación en caso de que algún miembro del personal o algún estudiante se encuentre indispuesto, protocolos de distanciamiento social y prácticas adecuadas de higiene.

También es fundamental, según las directrices, centrarse en prácticas que compensen el tiempo de formación perdido, fortalecer la pedagogía y utilizar modelos híbridos de aprendizaje tales como integrar los enfoques basados en la educación remota y a distancia. Esto debe incluir conocimientos sobre la transmisión y la prevención de enfermedades.

Estas recomendaciones hacen hincapié en el bienestar de los estudiantes y reforzar la protección de los niños a través de mecanismos mejorados de remisión y la prestación de servicios esenciales en la escuela, como la atención de la salud y la alimentación escolar.

Los esfuerzos, a su vez, se deben concentrar en llegar a los más marginados, intentando adaptar las políticas y las prácticas de apertura de las escuelas para ampliar el acceso a los grupos más vulnerables, como los niños que ya habían abandonado la escuela, los niños desplazados y migrantes y las minorías. Diversificar las comunicaciones y las actividades de divulgación más importantes, poniéndolas a disposición en los idiomas pertinentes y en formatos accesibles.

"Cuando las escuelas comiencen a abrir, la prioridad será reintegrar a los estudiantes en condiciones de seguridad y de una forma que permita reanudar el aprendizaje, especialmente para quienes hayan quedado más rezagados en su educación. Las escuelas tendrán que estar preparadas logísticamente y su profesorado deberá estar listo. Nos encontramos en un momento decisivo, ya que estamos ante una nueva normalidad que debería ser más efectiva y equitativa", afirma Jaime Saavedra, director mundial de Educación del Banco Mundial.

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