El testimonio Quechua de Tarapacá

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    Rodrigo Cavada

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La vista panorámica desde el sector de Alto Quipisca, permite admirar un valle milenario que inspira a la conexión con la madre tierra.


En la provincia del Tamarugal, al norte de Chile, en el poblado Quechua de Quipisca, hoy se desarrolla un proyecto enfocado a poner en valor la compleja cosmovisión y espiritualidad andina.

Con equipos de trabajo, diálogo comunitario y una cooperativa, los habitantes de Quipisca han logrado regresar al origen de un territorio que hoy apuesta por el turismo sustentable.  “Que las propias comunidades generen su autodeterminación sobre qué quieren mostrar al turista, porque en otros lugares se pierde la identidad”, explicó Pablos Suazo, gerente del Programa Estratégico Regional (PER) Descubre el Tamarugal.

La iniciativa, que busca atraer visitantes al desierto de Atacama, tuvo su puesta en operación para la gestión 2020 en la renovada sede social de la comunidad de Quipisca, construcción que integra a una casa ancestral reconstruida durante todo el año 2019.  “Una puesta en valor para quien quiera descansar y desconectarse de lo urbano y pueda permitirse compartir experiencias con gente de la comunidad, recorrer parte del patrimonio, sus riquezas arqueológicas y hacer vida diaria con los comuneros en las chacras, la siembra y regadíos”, sostuvo Wilfredo Bacián, presidente de la comunidad de Quipisca

En el camino del Inca

A ciento doce kilómetros de distancia desde la ciudad de Iquique y luego de un descenso entre curvas, se viene gestando hace veinte años un proceso de unificación comunitaria tendiente al repoblamiento del valle.  “El proceso de nuestro pueblo se fue perdiendo a base de la migración de los que se fueron a estudiar, dejando de reconocer de donde eran”, explicó Mario Bacián, autoridad ancestral de la comunidad Indígena Quechua de Quipisca, quien bordea los ochenta años.

En ese sentido, las acciones de la comunidad han estado dirigidas “al redescubrimiento propio y, en ese transitar, fuimos dando valor a nuestro patrimonio, porque empezamos a entender un poco lo que nos habían dicho los más antiguos”, complementa Wilfredo Bacián.

Quipisca, que en su momento abasteció de verduras y hortalizas a las oficinas salitreras de Tarapacá, actualmente produce frutas como el membrillo y la granada dulce.  A su vez, mantiene habilitados para visitantes sitios arqueológicos cargados de leyendas anteriores a los incas y zonas agrícolas de un valle milenario que inspira a la conexión con la madre tierra.

La invitación turística es precisamente a recorrer el pasado, pero con información de primera fuente para sentir y descubrir las dimensiones de un imperio que revela el testimonio Quechua de Tarapacá. “Se trata de establecer una conexión en equilibrio, balance y respeto mutuo con lo ancestral y el enfoque comunitario es muy importante para trabajar desde lo espiritual, reconocerse e identificarse con un pueblo originario, propicia un ambiente de comunidad”, concluyó el licenciado en turismo Apu Cárdenas Juárez, quien llegó desde Cusco a Quipisca en junio de 2017.

 

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