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Carlos León: Reivindicar con la pintura

22 agosto 2022

Carlos León: Reivindicar con la pintura

22 agosto 2022
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    © Galería Fernando Pradilla

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Tras las obras de Carlos León están las preocupaciones, las reivindicaciones, los gritos, los anhelos de este maestro de la abstracción, quien fiel a la práctica de la pintura y su persistencia ha hecho de su obra una de las más codiciadas en el arte abstracto de los últimos 50 años.

El maestro de la abstracción Carlos León presenta 'Encender', una instalación que reúne dos de sus series más emblemáticas en la galería Fernando Pradilla con motivo de Apertura Madrid Gallery Weekend, Háfrika y Jardín Químico son una proclama. En la primera, donde predominan los negros sobre una madera desnuda, nos habla de la pobreza, la esclavitud, el colonialismo, pero también de la rica cultura del continente del sur que le vio nacer. En la segunda, un verde falso –que no encontramos en la naturaleza– lleva a preguntarnos qué estamos haciendo con el planeta. De esta forma, dos cuestiones capitales de nuestros días se hacen pintura de la mano de este pintor medio pensador, por no decir, filósofo. O, mejor un filósofo que usa la pintura para difundir su mensaje.

Carlos León (Ceuta, 1948) no soñaba con ser pintor. Él, en su Segovia de adopción, quería ser médico. Y a la universidad de Valladolid llegó con esa intención. Pero encontró la pintura. Cambió el bisturí por el pincel para sanar de otra forma. Como sostiene el filósofo Alain de Botton, "el arte es terapia". Con el tiempo llegó la sabiduría de la experiencia. En estos últimos años, ya sexagenario, es cuando León se reivindica como "más" pintor. Es más libre. "Toda obra de arte, toda composición musical, toda pintura o escultura está cimentada y construida en base a todo aquello que el autor supo absorber a lo largo de su existencia haciendo de ello la materia prima y también el combustible de su creatividad", explica sobre esta exposición. Y añade que las "experiencias del orden de lo vivido, de lo leído o escuchado, intuiciones, deseos y sueños, constituyen todo lo que desencadena el hecho artístico y que, unido a la intervención de ese daimon inspirador al que se refería Platón, dan a luz esas obras enigmáticas y cargadas de significados diversos, que llamamos obras de arte". En esta obras recientes, León demuestra que "quien resiste, vence".

Fue en 2011, en las salas de la Fundación Duques de Soria, en la ciudad que lleva este nombre, donde León mostró por primera vez un conjunto de obras agrupadas bajo el título de Háfrika. En el discurso de presentación de este trabajo explicó el autor que la ortografía adoptada por él para este enunciado respondía al deseo de reescribir la palabra África, incluyendo en ella elementos fonéticos propios de las lenguas mayoritarias y de los dialectos locales de ese continente, como son la h aspirada o la letra k. Para Carlos León, que nació en Ceuta y viajó en diferentes ocasiones por distintos lugares de su geografía, Háfrika constituye un referente fascinante desde cualquier punto de vista. Su dolorosa historia, marcada por experiencias brutales de esclavismo y de colonialismo abusivo, parece no haber logrado borrar ni esterilizar lo más profundo de sus culturas, de sus creencias religiosas ni la admirable actitud vital de sus habitantes. Y menos aún, si cabe, socavar los cimientos de su variada, brillante e influyente producción artística que, como todos sabemos, produjo efectos visibles sobre buena parte de la creación occidental en sus manifestaciones más avanzadas.

Recientemente, y de forma inesperada, Carlos León ha retomado esta temática y ha emprendido con ella nuevas series de cuadros, coincidiendo con el relativo encierro en su estudio (a consecuencia de la pandemia), en los que retoma el sofisticado primitivismo de aquellos tanteos de 2011. Se trata, de nuevo, de una exploración de lo hafrikano ajena a folklorismo o mimetismo alguno, de algo semejante a un "homenaje interior" que evoca, desde la abstracción y una cierta esencialidad, el profundo poder expresivo de este continente.

En los llamados Jardines Químicos, Carlos León aborda una vez más una temática que ha frecuentado en otros periodos de su producción: el tema del jardín como espacio simbólico. La novedad de su actual regreso a estos temas reside en el cromatismo desde el que construye sus nuevas obras, en el uso de unos colores "químicos" que no tratan de reproducir los de la naturaleza sino que nos advierten de la perversa mutación que en ella produce la intervención humana descontrolada y el consiguiente cambio climático.

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